| En
AMI nos preocupa el futuro de la música on-line y sobre
todo la oferta libre y plural de ésta a los usuarios
de Internet. Los movimientos que se están produciendo
últimamente concentran la oferta en unas pocas plataformas
propiedad de las grandes compañías discográficas
y este escenario no se corresponde con la demanda de los usuarios.
Si bien comentaremos
en una próxima ocasión los aspectos meramente
legales, nos concentraremos en estas líneas en descifrar
las claves de la situación actual de la música
en Internet, en relación con el entorno socio-económico,
tecnológico y de difusión cultural.
La música,
independientemente del medio de acceso a la misma, constituye
un bien cultural y económico al mismo tiempo. De esta
forma, ha de ser considerada desde un punto de vista social,
pero también desde la óptica de mercado y desarrollo
tecnológico que da soporte a su difusión. Todas
estas piezas han de estar sustentadas por un marco legal que
garantice la armonía entre los distintos agentes que
forman parte del proceso de creación musical y de la
explotación de esta en un libre mercado a través
de las diversas modalidades que la tecnología brinda
para su disfrute. AMI tiene como objetivo defender los derechos
y hacer cumplir las obligaciones, de todos y para todos, en
el entorno de la música en Internet.
En los EEUU, cuna de
las matrices de las multinacionales discográficas y
de la cultura de las corporaciones, la música es un
bien puramente económico que se compra y vende como
cualquier otro. En la Unión Europea, cultura de las
personas, la música es reconocida como un bien cultural
que debe ser de acceso universal. Surge un claro problema
al intentar importar las filiales europeas la filosofía
de sus matrices, que no encaja desde ningún punto de
vista en nuestra sociedad.
Pero este problema
viene ya de atrás, y puede entenderse si tenemos en
cuenta la carta de D. Luis Cobos, presidente de Artistas,
Intérpretes y Ejecutantes (AIE), redactada para la
memoria de 2000 y que trata sobre “El
Futuro de los Derechos de los Artistas”. De lectura
más que recomendable para todo aquel que se interese
por la música en Internet, ya sea usuario o artista,
queremos destacar algunas de las conclusiones de alguien que
sabe realmente de lo que habla:
- “distinguir entre la aportación creativa y
aportación económica o mediática”
- “Internet proporciona a los intérpretes oportunidades
únicas para crear y comunicar directamente con el público,
sin necesidad de ningún intermediario”
- “los consumidores y los artistas tienen que estar
en el mismo bando”
- “..no encuentro la conexión de los productores
o radiodifusores con la creación... ... Un gran error
de los productores que ha traído muchos problemas a
los artistas a lo hora de evaluar, tarifar, recaudar y repartir
los derechos que les pertenecen y que, en la mayoría
de los casos, son fiscalizados, controlados y a veces incautados
por los productores que, con gran desparpajo y carentes del
mínimo pudor, obligan a firmar a los artistas contratos
leoninos, en ocasiones dudosamente legales”.
Nuestra intención es aportar información y elementos
de juicio suficientes para que todo aquel que esté
interesado en apoyar la iniciativa de AMI para conseguir un
mercado de música on-line de libre competencia, pueda
comprender, sin distorsiones interesadas, lo que viene sucediendo
ya desde hace años en relación con la música
en Internet. Ahora es el momento
de actuar. Si esperamos más será demasiado
tarde. Debemos plantar cara a una situación injusta,
en nuestra opinión, y preservar los derechos de usuarios,
autores, artistas e iniciativas empresariales basadas en la
libre competencia.
El pensador escocés, Adam Smith, padre de la ciencia
económica y del concepto de “liberalismo económico”,
ha pasado a la sabiduría popular como el autor de la
más célebre metáfora económica,
según la cual el mercado libre actúa como “una
mano invisible” que maximiza el bienestar general.
Cuando nos preguntamos
cuál es el origen de toda la polémica y problemática
en torno a la música en Internet, no debemos rompernos
mucho la cabeza para descubrir que se trata del todopoderoso
don dinero. Distintas fuentes pronostican un volumen de negocio
en torno a los 800 millones de euros para el año 2002
y que crecerán hasta duplicarse en el año 2006.
Y esto referido tan solo al mercado europeo de música
online. Si tenemos en cuenta el mercado mundial, las cifras
de negocio previstas se disparan.
El pastel es por tanto muy grande y no menos apetitoso. Esto
hace perder
las formas y las maneras a cualquiera si la recompensa
final es conseguir la mayor parte del festín o, al
menos, controlar la recaudación y reparto de los ingresos
por derechos. Desde el mismo momento en que se tiene conciencia
de la oportunidad de negocio, se instauran las más
viejas leyes del comportamiento socioeconómico: el
que no corre vuela, el pez grande se come al chico y,
la más importante, el que reparte se lleva la mejor
parte.
En nuestra opinión,
la táctica utilizada por la industria musical ha sido
la de costumbre en estos casos: generar la mayor confusión
tanto en los medios de comunicación como en los entornos
de negocio, legales y judiciales, aprovechándose del
desconocimiento y falta de preparación en los aspectos
de nuevas tecnologías, sirviéndose de la ilegalidad
de los servicios de intercambio gratuito de canciones, más
conocidos por P2P, y equiparando estos a otras iniciativas
de música online totalmente legítimas y respetuosas
en el pago de derechos, metiendo
a todos en el mismo saco conceptual. El objetivo no es
otro que conseguir la limpieza del mercado antes de proceder
al desembarco de las plataformas de música online que
han creado y controlan
los de siempre.
“¿Qué
es piratería? Es robar el trabajo de un artista sin
intención de pagar por él. Y no me refiero a
los programas como Napster. Estoy hablando de los contratos
discográficos”. Courtney Love.
La música online ha seguido hasta el momento dos caminos
bien diferentes: los servicios de intercambio gratuito y las
plataformas legales.
No vamos a entrar al detalle acerca del efecto que han tenido
los servicios de intercambio gratuito pues este tiene dos
claras vertientes: Una muy positiva de difusión cultural
musical y como modelo tecnológico de inmensas aplicaciones
para distintos entornos, que ha sido acogida con los brazos
abiertos por los usuarios, y otra vertiente muy negativa e
injusta con los artistas, autores, músicos y plataformas
musicales en Internet, tanto las grandes como las independientes,
que han supuesto mermas económicas importantes e incluso
pérdidas significativas de puestos de trabajo.
Si nos preguntamos
porqué controlan el mercado dos modelos extremos: un
modelo “hippie” donde lo tuyo es mío pero
lo mío no es tuyo, y un modelo concentrado en grandes
compañías, la clave nos la proporciona Alfred
Marshall, pensador economista que descubrió como en
los mercados, es la demanda, es decir los consumidores, la
que domina el mercado a corto plazo, y que es la oferta, es
decir quien pone los productos y servicios en el mercado,
la que ejercerá su poder a largo plazo. De esta manera,
el dominio de la demanda a corto plazo lo están ejerciendo
los usuarios a través de los servicios p2p, que intentan
fijar un precio “cero” para la música online.
Por otra parte nos encontramos a las grandes compañías
discográficas, cuya intención es concentrar
el mercado para controlar la oferta y con ello el mercado
a medio y largo plazo, imponiendo en este caso los precios
más elevados que los usuarios puedan asimilar. Por
supuesto, existen soluciones intermedias en las que la puja
entre la oferta y la demanda, lleva a soluciones óptimas
para todos.
Así, nos encontramos por tanto con un extremo muy interesante
para los usuarios pero claramente injusto para el resto de
afectados, representado por los modelos de intercambio gratuito
de canciones. En el otro extremo se encuentran los actuales
modelos excesivamente concentrados que controlan
un puñado de compañías discográficas
y que, como veremos, agravan la situación de los artistas,
músicos y autores, pero también de las plataformas
musicales online independientes y de los propios usuarios.
Entre los dos
extremos, el intercambio incontrolado herencia de la etapa
hippie inicial de la red, y la excesiva concentración
del mercado en manos de unos pocos, los de siempre, existen
soluciones intermedias de consenso, que son las razonables
y más justas para todos, en nuestra opinión.
Estas situaciones intermedias son las que defiende AMI.
Lo que, desde
nuestro punto de vista, pretende la industria discográfica
es exportar a Internet su modelo de control del mercado musical
ejercido actualmente. Esto parecen estar llevándolo
a cabo en el mercado de música online mediante dos
líneas de acción:
- Eliminando todas las iniciativas independientes existentes
generando confusión entre la opinión pública,
los artistas y autores, metiendo en el mismo saco los servicios
ilegales de intercambio gratuito y las iniciativas legales
independientes.
- Bloqueando la posibilidad de entrada en el nuevo mercado
de música en Internet impidiendo el acceso a las licencias,
a pesar de estar obligados a respetar las concedidas por la
ley de manera sustitutiva cuando son pagados los derechos
de uso.
Qué conseguiría la industria discográfica
con ello:
- Controlar la práctica totalidad del mercado de música
en Internet.
- Controlar de facto los derechos de las obras mediante el
control de la mayor parte de la recaudación de estos,
así como de la administración del reparto.
- Obtener un arma poderosa en la negociación de los
contratos con los artistas, quienes no tendrán prácticamente
ninguna otra alternativa para explotar su creación
musical en otro sitio que en las plataformas de las grandes
discográficas.
- Incrementar sustancialmente su nivel de ingresos, pudiendo
imponer
precios mucho más elevados a los usuarios, al no
tener competidores en el mercado y disponer, entre cinco compañías,
de más de un 90% de la oferta musical.
Esta industria
parece no estar acostumbrada a que no le lleven la contraria,
y como muestra un botón. Quién le iba a decir
a Alaska, artista de referencia en la creación musical
de nuestro país, que por expresar
su opinión acerca de algo que le afecta muy directamente
y para lo que intenta proponer soluciones justificadas
objetivamente, supondría la retirada
fulminante de sus discos de las tiendas. Alaska, al hacer
sus declaraciones ha errado, como Olvido que es, no teniendo
en cuenta el código de conducta que la industria musical
viene aplicando desde hace tiempo: Art. 1: La industria siempre
tiene la razón. Art. 2: En el resto de los casos, aplicar
el Art. 1.
En este, tanto desgraciado como habitual desencuentro entre
los artistas y la industria discográfica, se aplican
los correctivos, a base de jarabe de palo, a todo aquel que
se escape del redil de una u otra manera. Este ánimo
es el mismo que, como por extensión cabría esperar,
parece que se está aplicando en el emergente mercado
de la música online.
La industria discográfica se encuentra apenada por
los artistas y también por los usuarios. Pero como
dice un proverbio armenio, “la riqueza da belleza a
los feos, pies a los cojos, ojos a los ciegos e interés
a las lágrimas”.
Desde el punto
de vista meramente económico se está produciendo
un fenómeno de duopolio de facto en el mercado de música
en Internet. Esta posición de dominio no es fruto de
una evolución lógica del mercado sino que se
trata de una posición de fuerza al aplicar interesada
y arbitrariamente un derecho exclusivo para la explotación
de la música en Internet. Así, esa posición
dominante no es la consecuencia de que estas pocas plataformas
sean las que mejores servicios ofrezcan y a precios más
competitivos, es decir, su posición dominante no es
consecuencia de haber eliminado a sus competidores por ser
más eficientes que estos.
Retomando de nuevo el pensamiento económico, debemos
recordad a Stuart Mill y como este, en una aproximación
simpática, es el primer economista que aborda sin embargo
con seriedad, cuestionando el absolutismo de la propiedad
privada. Y es que, en muchos casos, los poderes públicos
deben tutelar la explotación de ciertos bienes considerados
como culturales, sin que ello implique una limitación
de su evolución en los mercados, pero evitando situaciones
injustas de control interesado por parte de acciones de concentración
y exclusión de la competencia.
La estrategia
llevada a cabo por los que dominan actualmente la industria
discográfica podría tener consecuencias muy
negativas para el nuevo mercado de música en Internet
si no pone freno cuanto antes. Sería muy negativo para:
Los
usuarios: estos no pueden acceder a una oferta variada
y plural, a precios competitivos y con las garantías
de calidad de servicio que solo la libre competencia brinda.
Además no podrían elegir la música que
les gustaría escuchar ya que la oferta viene marcada
por la rentabilidad, no por el interés social. Se producirá
además una discriminación mediante el precio
para acceso a la cultura musical.
Los artistas: la negativa a conceder licencias las
plataformas independientes de música online limita
la posibilidad de los artistas de promocionar sus obras mediante
Internet si las compañías discográficas
que controlan todas las plataformas deciden no incluir sus
creaciones en la oferta. Serían los criterios de rentabilidad
y no los de difusión cultural los que primarían
y por ello gran parte de la oferta creativa existente no llegaría
a los usuarios. Además, si la industria discográfica
recaudase todos los derechos, probablemente los artistas y
autores no percibirán lo que justamente les corresponde.
Las
pequeñas discográficas: Se verían
obligadas a someterse a las plataformas y tecnología
impuestas por la industria discográfica, controlada
en todos los aspectos por un puñado de compañías.
No podrían optar por modelos de negocio más
creativos y, probablemente, más cercanos a los gustos
de los usuarios y también más económicos
y fáciles de implementar en sus pequeñas estructuras
de costes.
La tecnología: Vendría impuesta por
la industria discográfica y no tendría cabida
la tecnología desarrollada localmente y más
en sintonía con el mercado próximo.
La cultura:
La existencia de un monopolio de facto en contenidos musicales
online erradica por completo el concepto de música
como bien cultural y por tanto dejaría de ser de acceso
universal. La difusión cultural seguiría el
criterio de rentabilidad y no de interés social, limitando
el acceso a la cultura a aquellas capas económicamente
más desfavorecidas, dados los altos precios que suele
fijar la industria discográfica y que se extenderían
al entorno de Internet.
Otras
plataformas independientes: si bien, desde nuestra
interpretación, el marco legal garantiza la posibilidad
de acceder a este mercado en nuestro país, la industria
discográfica está poniendo todas las barreras
posibles tanto a través de AGEDI para la concesión
de las licencias, como mediante acciones legales contra dichas
iniciativas por no contar con la licencia de todas y cada
una de las compañías discográficas. Estas
acciones, dado el gran poder económico de la industria
discográfica, pudiera suponer su victoria efectiva
y no necesariamente justa, dado que estos procesos suelen
dilatarse durante varios años y esto tiene un coste
elevado como para ser soportado por compañías
que se encuentran en una fase de lanzamiento e introducción
en el mercado, aunque la ley esté de su parte.
Para comprender por qué es estratégico el control
de la concesión de licencias por parte de las discográficas
debemos entender cómo funciona su entorno.
¿Cómo
se reparten los ingresos obtenidos por la explotación
de la música en el mercado?
Cualquier uso
comercial de la música está obligado al pago
de ciertos derechos correspondientes a los propietarios legítimos
de la obra musical. Estos derechos son administrados por tres
sociedades de gestión colectiva, cuya misión
es recaudar de quienes utilizan la música con fines
comerciales y entregar ciertas cantidades de los ingresos
a cada uno de los propietarios de los derechos sobre las obras.
Son tres las entidades de gestión colectiva en España:
SGAE (autores y editoriales discográficas), AIE (músicos,
cantantes, artistas,...) , y AGEDI (productores y distribuidores
de discos).
Hasta aquí,
todo parece estar muy claro: El autor crea una canción,
el músico y cantante la interpretan, y el usuario final
puede escucharla en un concierto, en un bar de copas, en la
televisión, comprando un CD o DVD, o bajarlo de Internet.
Del dinero que paga el usuario y según la forma en
que este ha accedido a la música, las tres entidades
de gestión cobrarán unas tarifas a las empresas
que usan esta música, y lo repartirán, según
esté establecido, al autor, al músico, al cantante,
y a la discográfica.
¿Si todo es tan sencillo, qué está sucediendo
con la música en Internet?
Si una empresa
desea desarrollar su actividad basada en un modelo de negocio
de música online en España, debe contar con
las licencias marcadas por la legislación actual. Comenzará
entonces su particular diáspora de la ventanilla, una
romería de gestión que le llevará primero
a solicitar la licencia de SGAE, luego la de AIE, posteriormente
la de AGEDI.
Una vez conseguidas
las licencias de SGAE y AIE, lo más probable es que
nos estrellemos contra el muro de AGEDI, entidad de gestión
que se ocupa de velar por los intereses de la industria discográfica
y de gestionar la recaudación de sus derechos.
Así,
a pesar de haber sudado la gota gorda para conseguir las licencias
de autores y la de los artistas, no podremos desarrollar ninguna
actividad de música online sin la licencia de AGEDI
o de cada una de las discográficas. Es esta licencia
la que supone un escollo para la iniciativa privada a día
de hoy . Las licencias de SGAE y AIE podrían entonces
no servir, en la práctica, para nada.
AGEDI parece
no tener en cuenta lo que está sucediendo en el seno
de la Unión Europea, donde el comisario Mario Monti
pretende crear una “ventanilla
única” para otorgar licencias de música
en Internet y que según él “beneficiará
tanto a consumidores como a los titulares de los derechos”.
Curiosamente, la mayoría de los contratos que los artistas
han firmado con las compañías discográficas
no contemplan la explotación de los derechos en Internet.
El mercado tradicional
de la música ha estado controlado en los últimos
años por cinco grandes compañías discográficas
que copan alrededor del 90% de la oferta. Para la explotación
de la reproducción y distribución de CD tienen
realmente un derecho exclusivo indiscutible. Para la explotación
de la música en Internet y para la Comunicación
Pública NO tienen ese derecho exclusivo en nuestro
país, y mucho menos si los artistas no lo han cedido
en el contrato con ellos, que son los más. Pero esto
ni lo comprenden ni lo quieren comprender.
La monopolización
de mercados, el control exclusivo de los mecanismos de concesión
de licencias, la primacía de la rentabilidad sobre
la cultura, la posible manipulación de recaudación
y reparto de derechos y la eliminación de competidores,
son suficientes motivos como para emprender acciones encaminadas
a corregir esta distorsión del mercado.
Lo que desde
AMI pretendemos es tan simple como que cada parte asuma sus
derechos y cumpla sus obligaciones. Las plataformas de música
on-line tienen la obligación de liquidar los derechos
por el uso que hacen de las creaciones, interpretaciones y
producciones musicales para poder realizar su actividad en
Internet, pero al mismo tiempo tienen el derecho, también
para desarrollar su actividad, a obtener las licencias de
las entidades de gestión que representan a estos colectivos
de autores, artistas y discográficas.
Las compañías discográficas tienen el
derecho a una remuneración, conforme a las tarifas
depositadas en el Ministerio de Cultura, por el uso que de
sus producciones hacen las plataformas de música on-line,
pero también tienen la obligación
de conceder licencias a quien las solicite.
Esperamos que
con toda esta información y toda aquella que quien
lea estas líneas encuentre dentro y fuera de Internet,
se pueda formar una opinión que le lleve a apoyar nuestra
iniciativa por un mercado libre de música en Internet.
El futuro de
la música online está ahora en vuestras manos
y si no tomamos las medidas oportunas, el futuro se presenta
claramente incierto. Aunque creas que tu apoyo es sólo
un granito de arena, piensa que "La gota horada la piedra,
no por su fuerza, sino por su constancia". (Ovidio, Publius
Ovidius Naso, 43 a. C.-17 d. C., poeta latino).
Asociación
de Música en Internet.
Noviembre de 2002
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